4/07/2009

Miremos el armario

Por: Soledad Moliner

Todos los días las usamos y, sin embargo, poco conocemos sobre su etimología. Las prendas hacen parte fundamental de nuestras vidas y las historias que nos pueden contar son tan variadas como sus propios diseños. Hay orígenes rarísimos; otros son muy simpáticos. Hay raíces insospechadas; otras son fácilmente deducibles. Hay anécdotas interesantes; otras invitan a la reflexión. Además, las historias de las prendas nos llevan a los países más dispares. Los invito a que hurguemos en el armario. Ya verán cómo es de entretenido.

Suéter
Aunque es hoy un tejido que sirve de abrigo y adorno, nació como prenda de combate; en sentido estricto y etimológico, una sudadera. En efecto, el verbo "to sweat" significa en inglés sudar, y los primeros suéteres eran prendas que se usaban para hacer ejercicio. La palabra españolizada ya fue aceptada por las Academias de la Lengua.

Jeans
El origen de esta tela fuerte se remonta a Génova, donde se producía un textil resistente conocido en Francia como Genoa fustian; de allí pasó a llamarse jean fustian. Los pantalones elaborados con esta tela, también identificada como denim (de Nîmes, Francia), se llamaron en inglés jeans y, si son azules, bluejeans. En español la cosa es complicada, porque existen muchos términos equivalentes: vaqueros, tejanos, bluyínes, yines. Todos ellos están ya aceptados.

Boina
A pesar de que cualquier joven diría que se trata de una prenda antigua, la palabra es moderna en nuestra lengua: aparece en textos en español a partir del siglo XIX. Es posible que el vasco y el francés (bonnet: gorro) la tomaran del latín corrupto abonnis, pero no es seguro.

Bóxers
En los últimos años, los calzoncillos de media pierna han adquirido el nombre de bóxers para diferenciarse de los ajustados. La designación se refiere al tipo de pantalonetas que emplean los boxeadores, cuyo tamaño y forma recuerdan. No ha sido aceptada aún por las Academias en este sentido, aunque sí figura españolizada en el Diccionario (bóxers) para designar cierta sociedad secreta china.

Mochos
Este es el nombre que se da en algunas partes de la costa Atlántica colombiana a los pantalones cortos, que apenas llegan a la rodilla. Aluden, por supuesto, a los cojos, a los que carecen de piernas. El origen de la palabra mocho es incierto.

Alpargatas
Aunque todo parece indicar que viene de la lengua hispanoárabe (pârgat), antiguamente se creía que había nacido de la palabra qurqun que designaba un calzado similar que usaban los árabes. Los moros hispanos les decían gurgun o guardad. Le agregaron la voz par, dado que se usan en pares y resultó al-par-guargad. Caminó un corto trecho para llegar a nuestras alpargatas.

Chal
Tanto la prenda como la palabra llegaron a Occidente gracias a las grandes expediciones coloniales, que descubrieron la pieza en la India. Los nobles de allí la usaban como adorno, más que como abrigo. Tomaron la voz del persa schal o schawl. Los ingleses la adoptaron como schawl y los franceses como châlle. En español le decimos chal, una importación de Francia aceptada por la Academia a mediados del siglo XIX.

Pijama
Vestido para las piernas. Así se puede traducir esta palabra india, que pasó a muchos países. Jama significa vestido y pae, piernas. Es el nombre que dan en India a los pantalones holgados, generalmente a los de color blanco, típicos de allí. A los colonizadores ingleses les gustaron y adaptaron la prenda y la palabra (pajamas). Usaron el pantalón para andar por casa y para la cama, lo que despertó airadas reacciones entre los partidarios de la tradicional camisa de dormir. Estos opinaban que la camisa era más cómoda y casta. A su pesar, el término empezó a usarse en Inglaterra a principios del siglo XIX y medio centenar de años después ya estaba en Francia. Una expansión que, por supuesto, les quitó el sueño a los detractores durante mucho tiempo. Como dato curioso, la palabra en español acepta dos grafías: pijama y piyama. En España se suele pronunciar de la primera manera y es masculino: el pijama. En América preferimos la segunda pronunciación, aunque se suele escribir con jota, cosa que el Diccionario panhispánico señala como un error. Si se dice piyama, debe escribirse con ye.

Como hasta ahora empezamos a asomarnos en el armario, les propongo continuar con la pesquisa en el próximo número. La puerta, pues, queda abierta.

Por: Soledad Moliner
Revista Credencial

1 comentario:

Anónimo dijo...
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